TIEMPO DE ADVIENTO


II DOMINGO DEL TIEMPO DE ADVIENTO

08 de Diciembre
Ornamentos Morados

RITOS INICIALES

CANTO DE ENTRADA

Reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

VEN A NUESTRO MUNDO



VEN A NUESTRO MUNDO,
QUE TU AMOR NOS SALVE.
VEN A REDIMIRNOS,
VEN, SENOR, NO TARDES.

¡QUE LARGA ES LA NOCHE! 
COMO EL CENTINELA
QUE AGUARDA LA AURORA
LOS HOMBRES TE ESPERAN.
CON LA VIRGEN MADRE
TE ESPERA LA IGLESIA.

¡QUE BELLA ES LA NOCHE 
CUAJADA DE ESTRELLAS!
SI VOY DE TU MANO,
LAS VEO MAS CERCA. 
YA PRONTO SE CUMPLEN,
SENOR, TUS PROMESAS. 

LEVANTA LOS OJOS,
DEL SUENO DESPIERTA, 
QUE BAJA EL MES´IAS
DEL CIELO A LA TIERRA;
PREPARA EL CAMINO
AL REY QUE SE ACERCA.

LA NOCHE HA PASADO,
EL D´IA SE ACERCA;
EL DIOS CON NOSOTROS
YA ESTA EN NUESTRA TIENDA; 
EL HIJO DEL PADRE
ES HOMBRE DE VERAS.

SALUDO

Una vez finalizado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, todos de pie, hacen la señal de la cruz, mientras el sacerdote, de cara al pueblo, dice:

Pres.: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
℟.: Amén.

Luego, el sacerdote, abriendo los brazos, saluda al pueblo:

Pres.: El Señor, que viene a salvarnos, esté con todos vosotros.
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote, diácono u otro ministro podrá, con palabras muy breves, introducir a los fieles en la Misa del día.

ACTO PENITENCIAL

Pres.: Hermanos para celebrar dignamente estos sagrados misterios reconozcamos nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. 
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor. 

Sigue  la absolución sacerdotal:
Pres.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟.: Amén.

también o inclusive:



Pres.: —Tú que vienes a visitar a tu pueblo con la paz: Señor, ten piedad.— 
℟.: Señor ten piedad
Pres.: —Tú que vienes a salvar lo que está perdido: Cristo, ten piedad.— 
℟.: Cristo ten piedad
Pres.: —Tú que vienes a crear un mundo nuevo: Señor, ten piedad— 
℟.: Señor ten piedad



ORACIÓN COLECTA

con las manos juntas, el sacerdote dice:

Pres.: 
Oremos.
Y todos rezan con el sacerdote, durante un rato, en silencio. Luego el sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración colecta:
Dios todopoderoso y rico en misericordia, que nuestras ocupaciones cotidianas no nos impidan acudir presurosos al encuentro de tu Hijo,
para que, guiados por tu sabiduría divina, podamos gozar siempre de su compañía. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
(profeta Baruc 5, 1-9)

Dios mostrará tu esplendor

Lector: Lectura del libro del profeta Baruc

Quítate tu ropa de duelo y de aflicción, Jerusalén, vístete para siempre con el esplendor de la gloria de Dios, cúbrete con el manto de la justicia de Dios, coloca sobre tu cabeza la diadema de gloria del Eterno. Porque Dios mostrará tu resplandor a todo lo que existe bajo el cielo. Porque recibirás de Dios para siempre este nombre: "Paz en la justicia" y "Gloria en la piedad."
Levántate, Jerusalén, sube a lo alto y dirige tu mirada hacia el Oriente: mira a tus hijos reunidos desde el oriente al occidente por la palabra del Santo, llenos de gozo, porque Dios se acordó de ellos. Ellos salieron de ti a pie, llevados por enemigos, pero Dios te los devuelve, traídos gloriosamente como en un trono real.
Porque Dios dispuso que sean aplanadas las altas montañas y las colinas seculares, y que se rellenen los valles hasta nivelar la tierra, para que Israel camine seguro bajo la gloria de Dios.
También los bosques y todas las plantas aromáticas darán sombra a Israel por orden de Dios, porque Dios conducirá a Israel en la alegría, a la luz de su gloria, acompañándolo con su misericordia y su justicia.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos Señor.

SALMO RESPONSORIAL
(125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6)

R/. ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría!

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía que soñábamos: nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones. R/

Hasta los mismos paganos decían: "¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!" ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría! R/

¡Cambia, Señor, nuestra suerte como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones. R/

El sembrador va llorando cuando esparce la semilla, pero vuelve cantando cuando trae las gavillas. R/

SEGUNDA LECTURA
(san Pablo a los cristianos de Filipos 1, 4-11)

Manténganse puros e irreprochables para el día de Cristo

Lector: Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 

Hermanos:
Siempre y en todas mis oraciones pido con alegría por todos ustedes, pensando en la colaboración que prestaron a la difusión del Evangelio, desde el comienzo hasta ahora. Estoy firmemente convencido de que aquel que comenzó en ustedes la buena obra la irá completando hasta el Día de Cristo Jesús. Y es justo que tenga estos sentimientos hacia todos ustedes, porque los llevo en mi corazón, ya que ustedes, sea cuando estoy prisionero, sea cuando trabajo en la defensa y en la confirmación del Evangelio, participan de la gracia que he recibido.
Dios es testigo de que los quiero tiernamente a todos en el corazón de Cristo Jesús. Y en mi oración pido que el amor de ustedes crezca cada vez más en el conocimiento y en la plena comprensión, a fin de que puedan discernir lo que es mejor. Así serán encontrados puros e irreprochables en el Día de Cristo, llenos del fruto de justicia que proviene de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos Señor.


EVANGELIO
(san Lucas 3, 1-6)

Si no hay diácono, el sacerdote, inclinándose ante el altar, reza en silencio.

Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.

Si hay diácono, el diácono, inclinado ante el sacerdote le pide la bendición, diciendo en voz baja:

Diác.: Padre, dame tu bendición.

El sacerdote, en voz baja, dice:

Pres.: El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio. En el nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo.

El diácono se signa con la señal de la cruz y responde:

Diác.: Amén.

El diácono o sacerdote se dirige al ambón, acompañado, si procede, de ministros con incienso y cirios, y dice:

ALELUIA 
℣.: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Todos los hombres verán la Salvación de Dios.
ALELUIA

℣.: El Señor esté con vosotros.
℟.: Y con tu espíritu.
El diácono o sacerdote dice:
℣.: Proclamación del Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas+++
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
℟.: Gloria a ti Señor.
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.

Todos los hombres verán la salvación de Dios.

℣.: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Este comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías:
Una voz grita en desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos. Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios.
 
℣.: Palabra del Señor.
℟.: Gloria y honor a ti Señor.

Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.
Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.

HOMILIA

Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono; Es obligatorio todos los domingos y días festivos y también recomendado el resto de días.

PROFESION DE FE 

℟.: Creo en Dios Padre,  Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, *que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen*, padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso.

Desde allí vendrá a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.



LITURGIA EUCARÍSTICA

PREPARACIÓN DE LAS OFRENDAS

Se inicia el canto de preparación de las ofrendas, mientras los ministros colocan sobre el altar el corporal, la sangre, el cáliz, la palia y el Misal.

JUNTOS NOS ACERCAMOS  

JUNTOS NOS ACERCAMOS
A ESTA MESA PARA OFRECER
TODO LO QUE TENEMOS QUE ES PARA TI.

ES NUESTRA VIDA, NUESTRA ESPERANZA,
NUESTRO DOLOR Y AMOR,
DEJA QUE NUESTRAS MANOS LLEGUEN A TI.

EL PAN QUE ES TIERRA, FRUTO Y TRABAJO
TU CUERPO YA SERÁ,
DÁNOSLO Y NUESTRA VIDA RENACERÁ.
EL VINO CONVERTIDO EN TU SANGRE
DÁNOSLO A BEBER
Y SE HARÁ FECUNDO NUESTRO DOLOR.

COMO EL PAN Y EL VINO
QUE SE TRANSFORMAN EN ESTE ALTAR,
TRANSFORMA NUESTRAS VIDAS
Y NUESTRO HOGAR.

Es recomendable que los fieles expresen su participación trayendo una ofrenda, ya sea pan y vino para la celebración de la Eucaristía, u otra donación para ayudar a la comunidad y a los pobres.

El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración en silencio. Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

Pres.: Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.

℟.: Bendito seas por siempre, Señor

El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.

Por el misterio de esta agua y este vino, haz que compartamos la divinidad de quien se ha dignado participar de nuestra humanidad.

Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración en silencio: luego, coloca el cáliz sobre el corporal.

Pres.: Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

℟.: Bendito seas por siempre, Señor

Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio.

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde;
que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Y, si procede, inciensar las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.

Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.

Lava del todo mi delito, Señor, y limpia mi pecado.

INVITACIÓN A LA ORACIÓN

Luego, de pie en medio del altar y de cara al pueblo, el sacerdote extiende y junta las manos y dice:

Pres.: 
Oremos, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo se levanta y responde:
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Luego, abriendo los brazos, el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas;

Pres.: Te pedimos, Dios nuestro, que te agraden nuestras humildes oraciones y ofrendas; y ya que carecemos de méritos propios, socórrenos con tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
℟.: Amén.

PREFACIO

Al comenzar la Plegaria Eucarística, el sacerdote abre los brazos y dice o canta:

Pres.: El Señor esté con vosotros.
℟.: Y con tu espíritu.
El sacerdote levanta las manos y continúa:
Pres.: levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.
El sacerdote, con los brazos abiertos, añade:
Pres.: Demos gracias al Señor nuestro Dios
℟.: Es justo y necesario.
El sacerdote, con los brazos abiertos, reza o canta el Prefacio.
Pres.: En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro.

A Él que había sido anunciado por los profetas, la Virgen Madre lo llevó en su seno con amor inefable; Juan Bautista proclamó la inminencia de su venida y reveló su presencia entre los hombres.

El mismo Señor nos concede ahora preparar con alegría el misterio de su nacimiento, para que su llegada nos encuentre perseverantes en la oración y proclamando gozosamente su alabanza.

Por eso, con los ángeles y los arcángeles, y con todos los coros celestiales cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

SANTO

SANCTUS

SANCTUS, SANCTUS, SANCTUS
DOMINUS, DEUS SABAOTH

PLENI SUNT CÆLI ET TERRA GLORIA TUA
HOSANNA, IN EXCELSIS

BENEDICTUS QUI VENIT IN NOMINE DOMINI
HOSANA, IN EXCELSIS


ORACIÓN EUCARÍSTICA 

El sacerdote, con los brazos abiertos, dice:
Pres.: Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, 

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente,
diciendo:

de manera que sean para nosotros Cuerpo y ✠ Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.

el cual,

Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:

tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, PORQUE ÉSTO ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.

Pres.: Del mismo modo acabada la cena,

Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:

tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos; dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.

Pres.: Éste es el Sacramento de nuestra fe.
℟.: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

El sacerdote, con los brazos abiertos, dice:

Pres.: Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia. Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.

1C: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra

Los domingos prosigue:

y reunida aquí en el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal; 

y con el Papa N, con nuestro Obispo Ny todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

2C: Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza
de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con *María, la Virgen Madre de Dios*, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Alza la patena con la hostia y el cáliz, diciendo:

Pres.: Por Cristo, con él y en él, o a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

ORACIÓN DEL SEÑOR

Después de colocar el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote dice con las manos juntas:

Pres.: Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

El sacerdote abre los brazos y continúa con el pueblo:

℟.: PADRE NUESTRO, QUE ESTÁS EN EL CIELO, SANTIFICADO SEA TU NOMBRE; VENGA A NOSOTROS TU REINO; HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO. DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA; PERDONA NUESTRAS OFENSAS, COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN; NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN, Y LÍBRANOS DEL MAL.

El sacerdote continúa solo, con los brazos abiertos:
Pres.: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El sacerdote une sus manos.
℟.: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.

El sacerdote, con los brazos abiertos, dice en voz alta:
Pres.: Señor Jesucristo, que dijiste a tus Apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

El sacerdote, de cara al pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:
Pres.: La paz del Señor esté siempre con todos vosotros.
℟.: Y con tu espíritu.

SALUDO DE PAZ

Luego, si procede, el diácono o sacerdote dice:
℣.: Hermanos y hermanas, Démonos fraternalmente la paz
Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.

FRACCIÓN DE PAN

Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.

El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

Mientras tanto canta:

AGNUS DEI

AGNUS DEI,
QUI TOLLIS PECCATA MUNDI,
MISERERE NOBIS.

AGNUS DEI,
QUI TOLLIS PECCATA MUNDI,
MISERERE NOBIS.

AGNUS DEI,
QUI TOLLIS PECCATA MUNDI,
DONA NOBIS PACEM.

Luego, el sacerdote, con las manos juntas, reza en silencio.

El sacerdote hace una genuflexión, toma la hostia en la mano y, levantándola un poco por encima de la patena o cáliz, dice en voz alta, de cara al pueblo:

Pres.: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya
bastará para sanarme.

COMUNIÓN

El sacerdote, de cara al altar, ora en silencio y comulga con reverencia con el Cuerpo de Cristo.
Luego, sostiene el cáliz y ora en silencio; y participa reverentemente de la Sangre de Cristo.

Mientras el sacerdote comulga el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de Comunión.




ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Bar 5, 5; 4, 36)

Sin embargo, si no se canta, la antífona que aparece en el Misal puede ser recitada por los fieles, o por algunos de ellos, o por un lector, o por el propio sacerdote después de haber recibido la Comunión y antes de dar la Comunión a los fieles:

℣.: Levántate, Jerusalén, sube a lo alto, y contempla la alegría que te viene de Dios.
Luego, toma la patena o copón, se acerca a los que están por comulgar y muestra la hostia un poco elevada a cada uno de ellos, diciendo:

℣.: El cuerpo de Cristo
El que recibirá la comunión responde:
℟.: Amén.
Y comulga.

Después de la Comunión, el sacerdote, diácono o acólito purifica la patena y el cáliz.

Mientras se realiza la purificación, el sacerdote reza en silencio.

Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio el alimento que acabamos de tomar, y que el don que nos haces en esta vida nos sirva para la vida eterna.

Entonces el sacerdote puede volver a la silla. Es aconsejable observar algún tiempo de sagrado silencio o recitar un salmo u otro cántico de alabanza.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Luego, junto al altar o a la silla, el sacerdote, de pie, de cara al pueblo, dice con las manos juntas:

Pres.: Oremos.
Luego, el sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Saciados con el alimento espiritual, te rogamos, Padre, que por la participación en este santo misterio, nos enseñes a valorar sabiamente las realidades terrenas con el corazón puesto en las celestiales. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

RITOS FINALES

BENDICIÓN FINAL

Si es necesario, se deberán realizar comunicaciones breves al pueblo.

Luego se dice adiós. El sacerdote, de cara al pueblo, abre los brazos y dice:
℣.: El Señor esté con vosotros.
℟.: Y con tu espíritu.

℣.: Dios todopoderoso y lleno de misericordia, por la primera venida de su Hijo Unigénito, en la que creemos, y por la segunda que esperamos, los ilumine con su luz y los colme con su bendición.
℟.:Amén.

℣.: En el camino de esta vida los haga constantes en la fe, alegres en la esperanza y activos en la caridad.
℟.:Amén.

℣.: Para que celebrando la venida en el tiempo de nuestro Redentor, sean recompensados con el don de la Vida eterna cuando el venga por segunda vez en la gloria.
℟.:Amén.

 ℣.: Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.:Amén.

Luego, el diácono o el propio sacerdote dice al pueblo, uniendo sus manos:
℣.: Pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.
Luego el sacerdote besa el altar en señal de veneración, como al principio. Habiendo hecho la debida reverencia ante los ministros, se marcha.

ANTÍFONA MARIANA



DIOS TE SALVE, MARÍA, 
LLENA ERES DE GRACIA;
EL SEÑOR ES CONTIGO.

BENDITA TÚ ERES 
ENTRE TODAS LAS MUJERES,
Y BENDITO ES EL FRUTO DE TU VIENTRE, JESÚS. 

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS,
RUEGA POR NOSOTROS, PECADORES,
AHORA Y EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE. AMÉN